República Dominicana vence 6-2 a Puerto Rico en el Showdown

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La República Dominicana se impuso 6-2 sobre Puerto Rico en el histórico partido realizado en el Citi Field de Queens, en un choque que celebró la pasión latina y la rivalidad caribeña con un ambiente auténticamente festivo.

Un triunfo sobre el terreno

Los dominicanos hilvanaron 11 imparables, apoyados en pitcheo eficaz y una defensa muy oportuna, para llevarse la victoria en la primera edición de este clásico entre estrellas de LIDOM y la liga puertorriqueña en suelo estadounidense. El abridor Huáscar Ynoa se quedó con el triunfo, mientras que Yacksel Ríos cargó con la derrota por los boricuas.

Brilla Emmanuel Rodríguez

Emmanuel Rodríguez fue elegido MVP del partido gracias a su aporte decisivo. En uno de sus turnos clave, negoció base y luego conectó un doblete que permitió una carrera clave, y más tarde mandó la bola hacia el jardín derecho con un cuadrangular que encendió a los fanáticos dominicanos.

Una celebración cultural

Aunque el termómetro marcaba entre 6 y 8 grados Celsius, el ambiente en el estadio estuvo al rojo vivo. Un total de 20,057 aficionados se dieron cita, muchos con gorras, camisetas y banderas de ambos países. Fue una jornada de música, contingentes latinos y mucho entusiasmo. Antes del primer lanzamiento, Chantelle cantó el himno estadounidense, seguido por Gilberto Santa Rosa con el puertorriqueño y Héctor “El Torito” Acosta con el dominicano, en un acto simbólico de unidad cultural.

Adiós a una leyenda

El partido sirvió de despedida en suelo americano para Robinson Canó, quien jugó su último partido profesional en Estados Unidos. En honor a su legado, todos los jugadores dominicanos vistieron el icónico número 24. La salida de Canó fue emotiva: ovaciones, lágrimas, y un cambio generacional representado en el joven prospecto Ángel Genao, emergiendo en segunda base justo después de la ceremonia.

Rivalidad caribeña y vínculo comunitario

El choque fue tan deportivo como cultural. Se vivieron expresiones artísticas de ambos países, y la pantalla gigante incluso proyectó un tierno pedido de matrimonio, llevando la emoción más allá del diamante. Más que un juego, fue una gran fiesta del Caribe en Nueva York, donde la hermandad y la rivalidad se unieron en un solo espectáculo.


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